Sirenas


Esta tierra de hermosos colores, bosques, selvas, volcanes, montañas, lagos y mares me cautivó desde el principio al igual que las leyendas que aquí se cuentan sobre las sirenas.
La noche se deja caer sobre el mar embebido de sal y de claro de luna para dar paso al baile de estrellas y de hadas que embellece el cielo.
Cuando el misterio nocturno desvela sus secretos desde las profundidades del océano, las sirenas emergen a la superficie y descansan sobre conchas de nácar y perlas de cristal. El lenguaje celestial de los ángeles se cruza con el canto de las sirenas y su potente vibración se eleva hasta tocar el corazón del cielo.

 Imagen registrada en Safe Creative*
 

La playa parece una sala del Universo donde los pacientes han dejado de esperar la felicidad simplemente porque la encontraron en la magia del instante.

Pletórica, la luna se muestra desinhibida y sincera y se une a la danza de las estrellas y las hadas mientras se despoja de destellos lunares que recuperan algunas especies acuáticas para alimentar su instinto y su sentido de la orientación. En estas aguas cada cual lleva a cabo su rol en consonancia con su interior y los designios divinos. Por tanto, se trata de una danza del instante en comunicación con el propio potencial y con todo aquello que impulsa el crecimiento.
Anclada en la vividez del momento, sigo mi instinto y algo me dice que debo seguir observando imparcialmente este hermoso espectáculo marino donde todo irradia desde el alma.
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La reina de las sirenas corona esta escena, emergiendo con su corte de delfines, ballenas y horcas que anuncian su ascenso y su llegada a la costa. La reina acaricia la arena con su aura de energía marina y eleva sus manos para recoger la energía estrellada y planetaria.
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Cuando pisa la arena, la reina deja caer la energía, mientras los granos de arenisca revolotean en torno a ella para recargarse y esparcirla gracias a la brisa. Esta energía engendra sonrisas, espontaneidad y maravillas terrestres.

El ahora dialoga con mi ser y me adentra en mis propias profundidades más allá de aquellas de este océano de paz y me descubro sonriendo a la vida y refulgiendo en mi propia estrella, enraizada sobre el firmamento y enamorándome de este planeta llamado la Tierra.

Le guiño el ojo al momento, a la luna y a la belleza que serena mis emociones y las torna ligeras como una barca que recorre el río en la mera dirección del instante. Me siento como pez en el agua, en perfecta interacción con la brújula del mar, fluyendo en el hábitat natural.

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Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciones: Pastel o Acuarela 


La noche sigue tranquila y misteriosa, docta en los secretos del alma de la Tierra, la noche le confiesa a la luna el sufrimiento del planeta y la constante necesidad de luz que precisa de la humanidad.
El viento se arremolina alrededor del corazón de la noche y se funde con su infinitud. La sensación de frescura y de intimidad que se forja en su núcleo hace que el viento vuele más alegre que nunca hasta la puerta de los ángeles y que se acerque a Dios para cantarle bendiciones.
El canto de las sirenas se posa sobre el arrecife de coral y es absorbido por las esponjas marinas, exultantes de amor.  Se ha depositado tanto dolor en el mundo que incluso llega a las sirenas, cuyas lágrimas caen al mar. Pero la luna las incita a sonreír, bailando en el firmamento, seguida por sus estrellas destellantes. Cuando las sirenas estallan en risas, el océano se ilumina y esa luz contribuye a disolver el pesar.
La belleza del mar me extasía y embriaga mis sentidos. Las hojas de las palmeras ondean al viento y la arena aprovecha la brisa para correr silenciosa hacia las olas y permanecer así más cerca de las sirenas.

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Las caracolas de la orilla llevan consigo el sonido del océano para todos aquellos que deseen escucharlo y recordar el mar. En su fondo, los peces están a salvo, ocultos mientras duermen. Sueñan con sireñas y hadas, recibiendo su magia y su abrazo de luz.

Las flores exóticas de la playa miran a la luna, antes de acostarse. Los vigías alados de la playa velan por ellas, para que no se marchiten durante su sueño y se despierten resplandecientes de luz y de vida.

Todo en la costa refulge vida, latidos, amor. Este canto a la vida dulcifica la mirada del océano, esa mirada salina con forma de espuma y aguas cristalinas con el poder de albergar tanta vida que precisó de la tierra para establecerse y ser contenidas. El mar y también las aguas dulces poseen tanta riqueza que no puede ser medida. Respetarla y preservarla se convierte en el propósito de una raza humana despierta que sabe escuchar a las sirenas.

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Una hamaca es mecida por el viento y te sientas para ser partícipe de este movimiento rítmico que te adentra en el presente y te acopla al latido del corazón, a ese brío de vida que se expande por tus venas y al que sirves, fiel al alma, como guardiana de los secretos de ese lugar cuya lengua te habla ser adentro como el mar adentro del que te has enamorado.

Autora texto e ilustración: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustración inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustración: Pastel  o Acuarela 

 

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